Increíble viaje en marzo de 2009, en el cual tuvimos la suerte de visitar dos de los oasis de Egipto en el desierto occidental. Este viaje fue posible gracias a la jefita y a Said y posteriormente por la ayuda de nuestro amigo Jorge.

Todo comienza el martes 10 marzo de 2009, una vez que pasamos el tramite de casi 5 horas de vuelo, pero de buen vuelo, amenizadas por la simpatía de nuestro compañero de vuelo (un chiquito palestino), llegamos al Cairo, mi querido Cairo.

Allí nos reciben Mohamed 1 y Mohamed 2 que son simpatiquísimos, los cuales nos ayudan con los tramites de entrada y nos acercan a casa de Said, donde nos están esperando con un disgusto inmenso, ya que el Madrid termina de perder 4-0 con el Liverpool.

Conocemos a Marian, la mujer de Said, que guapa es y a Omar, el hijo de Said, que con 17 años tiene más barba de la que he tenido yo en toda mi vida. No podemos conocer a Sara, ya que esta durmiendo.

También estan Ahmed y Ibrahim, el cual no para de contar chistes hasta que casi nos mata de risa.

Nos tiene Marian preparada una cena con todo tipo de comidas típicas egipcias, cada cual más rica. Terminada la cena nos trasladamos a nuestro hotel en la zona de las pirámides, para estar ya en la carretera camino de Alejandría, ya que hacer el trayecto en hora punta de Heliopolis a la zona de pirámides, puede suponer 1 hora y medía.

Nos levantamos pronto y empezamos nuestro viaje propiamente dicho, con destino a Alejandría, nuestro primer destino.

Una vez allí visitamos la Biblioteca de Alejandría, que lleva 6 años abierta, es absolutamente increíble, 11 niveles, 600.000 volúmenes y la zona de lectura más grande del mundo.


La sensación de espacio es alucinante y prácticamente no se usa la luz artificial. Por fuera es muy bonita tiene, esta rodeada de una piscina que esta a un nivel superior, ya que representa el nacimiento de la misma de las aguas del mar.

Después de un corto paseito por la corniche, nos fuimos corriendo al complejo funerario de    Kom el Shuqafa que data más o menos del 250 a.c., una maravilla dispuesta en varios niveles.

Una vez alimentado el espíritu, procedimos a alimentar el cuerpo, Said nos llevo a un sitio popular en el que se come de lujo, el restaurante se llama Hosny.

Una vez comidos nos recorrimos toda la corniche y visitamos externamente la fortaleza QUAIT BEY, la cual esta emplazada, teóricamente, en el mismo lugar en el que estuvo el mítico faro de Alejandría.     Por lo demás tampoco tiene un gran interés, es un sitio absolutamente restaurado.

Tomamos un te en el Palacio de Montazah, hoy convertido en un hotel de lujo, el sitio es muy bonito, pero tan insulso como la mayoría de los hoteles de lujo.

Ya en la carretera tomamos dirección al Al-Alamein, donde pasábamos nuestra siguiente noche.

El Al-Alamein es mundialmente famoso por la batalla librada por las tropas aliadas comandadas por Montgomery y las alemanas por Romell, la cual sin duda cambio el curso de la historia.

Por la mañana visitamos la ciudad costera de Marsa Matrouh, que es la ciudad más limpia de todo Egipto y que es un destino de vacaciones de verano para los cairotas. Tiene una preciosa playa, un animado mercadillo y algunas terracitas donde tomar un sai.


 

Después de una muy agradable comida, contemplando el mar, desde las cristaleras del Hotel Beau Site, nos dispusimos a recorrer los más de 300 km. que separan Marsa Matrouh del Oasis de Siwa. Un viaje muy bonito en la inmensidad del desierto occidental. Nada en la carretera, solo el esporádico paso de algún camión. A mitad de camino tomamos un te en un improvisado chamizo, desde donde pudimos ver la puesta de sol.

Casi a las 10 de la noche llegamos al Oasis de Siwa, que como era jueves y al día siguiente fiesta, estaba muy animado. No dejaban de recorrer las cayas un monton de taxis tirados por burros con el lema "Wellcome to Siwa", gran cantidad de tiendas abiertas y de pequeños bares para poder tomar un te o fumar un a sisha. El transito de carros con familias enteras de un lado para otro, era incesante. Diez minutos después llegábamos a nuestro destino, el Siwa Shali Resort, de nuestro amigo Mohamed. Un hotel muy bonito, muy acorde y respetuoso con el entorno, que propone una estancia diferente, un poco lo que sería nuestro turismo rural.


Una buena cena regada con un vino italiano, cortesía de Mohamed y como nuevos.

Al día siguiente, prontito, nos esperaba nuestro 4X4 y el gran mar de arena. Atravesamos otra vez el centro de Siwa y pasados unos pocos kilómetros por una pista asfaltada, entramos en desierto puro y duro. Paramos para desinflar las ruedas, para andar mejor por las dunas y comenzamos un precioso día en el desierto.